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Los sueños de un cerebro fugado

Ingeniero electrónico doctorado en Ciencias que a los 12 años se graduó de bachiller.

 

Foto Donaldo Zuluaga

 A Luis Orlando Castro le preocupa devolverle a los suelos los oxidantes que pierde a causa de la muerte de los microorganismos buenos.


Por: 
María Isabel Molina V.
Medellín

A las dos de la mañana comienza el día para Luis Orlando. A esa hora tiene la tranquilidad necesaria para iniciar su tarea investigativa sobre la descontaminación de los lixiviados y los gases que genera la materia orgánica.

 Él, hermano del medio de una familia de tres varones, cursó la primaria en la Escuela Urbana de Varones de Suaza, municipio de Huila y se graduó de bachiller después de validar estudios en el Colegio Nacional Simón Bolívar. Cuando tenía 12 años Luis Orlando Castro Cabrera fue el bachiller ganador del Premio de Matemáticas y Física del Departamento del Huila. Se presentó a la Universidad Nacional a estudiar Ingeniería Eléctrica e inició su carrera.

"Cuando iba para el séptimo semestre se enteraron de que era menor de edad y por un acuerdo del Consejo Superior de la Universidad que decía que los menores no podían ingresar a la universidad, me dieron matrícula provisional", recordó. En ese momento se presentó a la Embajada de Estados Unidos para aspirar a una beca y entre más de 5.000 aspirantes fue el favorecido. Así dejó los estudios en la Universidad Nacional y se trasladó a la Universidad de Nueva York, donde en año y medio terminó los estudios de Ingeniería Electrónica.

En forma adicional, durante dos años cursó estudios de Electrodiagnóstico Humano haciendo prácticas en el Hospital New York Center. De manera simultánea cursaba los estudios de Master en Física Pura y al optar el título de Master en Ciencias con especialidad en física inició el doctorado en Ciencias, el que concluyó cuatro años más tarde recibiéndose como Ph.D en Ciencias. Luis Orlando, el hijo de Suaza, fue nombrado profesor de la Universidad de Nueva York, en este momento tenía 21 años, y se quedó en el cargo por tres años más. Regresó al país como parte del programa Cerebros Fugados al Centro de Investigaciones de la Universidad Nacional y de allí pasó al Instituto de Asuntos Nucleares.

Ha sido asesor de empresas internacionales y ha trabajado en el campo académico e investigativo. Cambio genético El estudio que ahora realiza, "me ha quitado 22 años de mi vida", afirma. Como biofísico tiene un planteamiento y es que la evolución implica un cambio genético.

"Empecé a comprobarlo de la manera más fácil: con bacterias, ya que 80 años de la vida de un hombre equivalen a ocho horas en la vida de una bacteria". Así decidió hacer pruebas de vida microbiológica en celdas solares que se empleaban para alimentar los satélites. "Cuando se trató de demostrar esto comencé a manejar microorganismos mineralizadores de materia orgánica, porque me di cuenta que el material orgánico contaminaba más la tierra que los residuos nucleares", dijo. Explicó que en forma aparente esto es absurdo sí se piensa que un árbol cuando crece toma el 17 por ciento de los nutrientes del suelo y el 83 por ciento del aire.

El árbol es un generador de oxígeno y eso que le quitó a la tierra debe enriquecerlo, mejorarlo y devolverlo a la misma tierra. Señaló que desde 1940 comenzaron a agotarse los suelos. Su sueño tiene un triple propósito: descontaminar de los lixiviados y los gases que genera la materia orgánica en su proceso de mineralización; devolverle al suelo los microorganismos como los oxidantes, los nitrificantes y por eso las plantas se enferman más que antes y el tercero es ofrecerle al mundo alimentos no contaminados con trazas químicas peligrosas como los fosforados que se aplican a diario en la agricultura. "Estos fines no son para cumplirlos durante la vida de un hombre sino que van mucho más allá", señaló Orlando Castro, un ejemplo de investigador y un verdadero colombiano ejemplar.

 

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